CIUDADES TRANSPARENTES

El escenario de una pandemia mundial que golpea a toda la humanidad parece ser más bien la construcción distópica de alguna película que unx podría encontrar divagando por un catálogo online a lo que nos está sucediendo ahora mismo. Noticieros, redes sociales e informes gubernamentales se inundaron de tópicos precisos: números y estadísticas, protocolos y recomendaciones de cuidado y salud, agenda política de emergencia y medidas de contención. Las imágenes que acompañan son ciudades y pueblos con sus calles desérticas, personas de ramas esenciales trasladándose como fantasmas a las nuevas trincheras contra el virus, tapabocas y alcohol en gel.

Una pregunta que se me aparece con recurrencia ahora es ¿cuándo y cómo desapareceremos? Aunque, en ese “cómo vs cuándo”, parece que los cómo son más claros: nosotroxs mismxs elaboramos nuestros propios escenarios de destrucción. Las formas en las que nos vinculamos con el entorno, cómo estrechamos vínculos con lxs otrxs y cómo modelamos las formas de vida que nos contienen. Estos días se habla constantemente de nuestra responsabilidad, de nuestra voracidad, de la posibilidad que el virus sea la especie humana. Incluso aparecen CEOs queriendo instalar la biopeligrosidad de nuestra existencia. Pero seguimos aquí, hablando de nosotrxs, incluso cuando referimos a nuestra desaparición. Es la misma especie la que elabora simulacros de extinción a través de las imágenes y los relatos, en ese intercambio de realidades, fantasías y ficciones. Merman de las películas, de la literatura, de la televisión, de internet y ahora, brotan en las desgastadas redes sociales.

Hace unos años, me tope con el fotógrafo alemán Michael Wolf que elaboró una serie llamada “Ciudad Transparente” (Transparent city) que se engloba en un proyecto fotográfico más amplio denominado “Vida en las ciudades” (Life in cities). La temática de ambos proyectos siempre recurre a las visualidades de lo urbano y sus habitantes.

Las fotografías de la serie representan paisajes urbanos de corte capitalista/financiero, perfiles de ciudades globalizadas y edificios altísimos de oficinas donde las personas supuestamente trabajan. Sin embargo, no hay personas. Son ciudades sin nosotrxs, nuestra presencia es una virtualidad, una suposición. La escala de la fotografía, de los encuadres, de la construcción del espacio no nos incluye. No hay espacio para personas en esas fotografías. Tampoco hay cielo, ni horizonte, ni abajo ni arriba. Hay ventanas, miles de ventanas de vidrio dispuestas una al lado de la otra. Vacías, reflectantes, multiplicadas. Pero si continúo mirando detenidamente, presiento que las personas están allí. El señalamiento de este paisaje me arrastra a una sensación conocida. Caminar por la ciudad, levantar la mirada en cualquier parte céntrica, sobre todo si es una zona comercial como el Microcentro, y observar una seguidilla de edificios gigantes de cristal reflectante. El edificio parece desaparecer camaleónicamente, pasando de transparencias a robarle el color al cielo. A la vez, nosotrxs asumimos que allí dentro hay personas aunque no las vemos. Es un ejercicio de virtualidad presencial, de apariencia y suposición. Es la construcción colectiva de un simulacro.

Las ciudades desérticas de la pandemia que construyen los medios de comunicación y las redes sociales de hoy son, en parte, los simulacros de ciudades transparentes de Wolf de ayer. Lo que los diferencia es que apuntan a lugares distintos en sus intencionalidades superpuestas. Hablemos, entonces, de simulacros y predicciones.

Wolf crea sus imágenes para elaborar hipótesis cargadas de una lectura político-crítica de las formas de vivir contemporáneas. Si unx ve todas sus series apuntan más o menos a este diálogo entre las imágenes de la vida pública y los dispositivos que las capturan. Sobre todo la dimensión de nuestra corporalidad observada/vigilada por los dispositivos de captura de imágenes en ambientes públicos. Vida pública, circulación de datos-imágenes, intimidad e imagen-cuerpo. Wolf, por ejemplo, tiene toda otra serie de fotografías extraídas de Street View. Lo que le preocupa es cómo estas visualidades moldean nuestra percepción y construcción de ambientes públicos, nuestra experiencia urbana que se desprende de hábitos, recorridos, afectos y ocupaciones de los espacios donde trabajamos, amamos, comemos, dormimos, en fin, vivimos. En ese ejercicio de preguntarse o de elaborar pensamiento alrededor de cómo vivimos, el fotógrafo inocula sus preguntas dentro del dispositivo fotográfico porque considera que la dimensión técnica de este dispositivo puede ayudarlo a acompañar sus intuiciones. Como si el dispositivo pudiera hacer síntoma de sus pensamientos o sensaciones. Un poco “como nos mostramos, nos vemos”.

Wolf le da un giro a su serie fotográfica y realiza un apéndice que llama “Ciudad Transparente (detalles)”. Michael Wolf encuentra, en esas ventanas de edificios aparentemente vacíos, personas. Más importante aún, personas ocupando el espacio de formas disímiles, irregulares, bufonescas, graciosas, cansadas, orgánicas. Le da un revés a la primera impresión de la serie, casi que la contradice. Un trabajo microscópico de buscar el rastro humano escondido en esas fotos que simulaban vacío. Esto lo vuelve a Wolf no solamente un productor de imágenes o un fotógrafo. Su simulacro, si tuviera que enfrentarlo a las ciudades desérticas actuales, intenta ponderar esa presencia humana en cuanto germen (qué audaz que parece utilizar esta metáfora ahora).

Los medios de comunicación, y nosotrxs mismos en las redes sociales, replicamos esta presentación de las ciudades desérticas para señalarnos la ficción de la post-pandemia, para mostrarnos una postal del futuro evidente. Invoco un poco la energía de Wolf al hacer esta serie, y me pregunto si podemos construir una nueva visualidad de la especie donde ya no nos fascinemos por la capacidad de vaciar una ciudad sino por la pregunta por cómo vamos a volver a “llenar” las ciudades desiertas. Sin limitar el llenado solamente a nuestra presencia corporal en el espacio sino a todas las dimensiones y sentidos que se desprenden del mismo. Vuelvo a ver las capturas que Wolf hace de sus propias fotos, esas ciudades transparentes que ya no serán paradigmáticas ni modelo. Ante la pregunta, ¿cuándo desapareceremos? Tal vez la respuesta es “parece que nunca” y eso puede resultar desesperante.

Para hacer un poco de justicia local, me gustaría recomendar a un artista argentino y cercano que es Hernán Kacew. Su obra dialoga mucho con la de Wolf y retoma de alguna forma la tradición de extraer información ya dada de medios de comunicación (en este caso, la prensa gráfica) y reciclar esas imágenes que suelen aparecer como meras ilustraciones (nada ingenuas a la construcción de sentido) para volver a pensarlas. Capturar las capturas. Dejo unos retratos de personas desenfocadas que están extraídos de diarios.

 

 

Para ver más:

 

POSTDATA

 

Dejo dos entrevistas que le hicieron a Michael Wolf. Recomiendo escucharlo hablar y verlo moverse para completar una idea de él. No somos solo diseñadores con nuestras imágenes, sino con nuestras performatividades. Disculpen, pero ninguna tiene subtítulos en castellano.

Acá habla de su serie “Arquitectura de la densidad” que es parte del mismo trabajo que “Ciudad trasparente”. Refiere a Hong Kong y el uso de máscaras, una cosa que ahora nos parece parte de una “nueva normalidad” gestante.

Acá habla de su trabajo “Una serie de eventos desafortunados” y explica cómo extrajo las imágenes del Street View. La forma en la que llegó a esa técnica fue que odiaba la ciudad de París mientras vivió ahí y solo salía a hacer compras, un poco hizo su propia cuarentena adelantada. Concepto interesante: anti-fotografía.

Tomás Cabrera Cañas
Docente

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